sábado, 10 de septiembre de 2011

Perdida




—Mírala—dijo el pequeño hombrecito—Se ve tan perdida...

Los árboles se movían siguiendo ese espectacular baile que le marcaba el viento. Sus ramas se ensortijaban, giraban, rotaban, bailaban. Las hojas volaban al rededor de las ninfas que danzaban junto con los majestuosos y frondosos árboles. Las flores cantaban una alegre canción y los animales de ese fantástico bosque se acercaban para unirse a la celebración. En ese pequeño y armonioso claro todo era belleza y felicidad. Las ninfas comenzaron a cantar y danzar junto al pequeño arroyo que atravesaba el claro y como si de un hechizo se tratara la cristalina agua se elevo y contorsiono en un hipnotizante baile logrando que las hermosas Ondinas se asomasen y se unieran a la celebración dentro del agua.
Todos tipos de personajes mágicos y místicos estaban reunidos allí. Los pequeñísimos gnomos de un fuerte rosado aplaudían y saltaban al rededor de las preciosas ninfas, que con su bello rostro y perfecto físico hipnotizaban a los habitantes del bosque con sus bailes. Las Ondinas que ahora danzaban junto con el agua. Los elfos que miraban idiotizados a las ninfas. Esas pequeñas hadas, esas luces de colores que revoloteaban junto a las flores. Un unicornio de extremada elegancia observaba el pequeño claro. Y por ultimo unos cinco duendes sentados en círculo charlaban muy concentrados.
La celebración era sin lugar a dudas para los habitantes de ese bosque. Nunca nadie lo había dicho en vos alta, pero era claro. Todos lo sabían. Si algún otro ser de algún otro bosque se acercaba allí todos sabían que posición adoptar. Si algún intruso se acercaba todos sabían que hacer. Nunca lo dijeron en vos alta, pero era claro. Todos los sabían.
Lo que todos no sabían era que hacer cuando el intruso era alguien diferente a ellos. Sin la sabiduría ancestral-obviemos a los traviesos gnomos- y los mágicos poderes. A nadie nunca se le paso por la cabeza que alguien diferente a ellos o algo que encajaría en su hábitat apreciada.
Nunca sospecharon que una niña humana podría estar observándolos escondida tras un árbol añejo y amargo-que no bailaba- perdida completamente en sus pensamientos, sorprendida, maravillada y totalmente aterrorizada. Por que si, tenia mucho miedo. Pese a lo que sus hermanos y su padre le enseñaron acerca de la valentía, ella tenia miedo. Y si, era una niña pequeña. No tendría más de ocho años. Y si, estaba asustada.

Mírala—dijo el pequeño hombrecito—Se ve tan perdida...

Y si, estaba perdida. Literalmente y metafóricamente.
La pequeña humana se había alejado de su pueblo para buscar unas fresas en el bosque. La niña no se había distraído siguiendo una mariposa o saltando y correteando por el bosque, no. Un roedor le arrebato unas hojas que había estado estudiando con mucho esmero desde hace días. Y si, la niña sabe que fue una decisión tonta el perseguir al pequeño ladrón. Pero también sabe que esas hojas son muy importantes para ella. Y no se arrepiente de su decisión. Pues al final el animal se canso y soltó las hojas.  Pero ella ya no pensaba en sus preciadas hojas, si no en la escena que se le presentaba ante sus ojos.
  Ella que nunca había creído en los cuentos fantasiosos que le contaba su madre antes de dormir o en las historias locas que le contaba su mejor amiga cuando se veían. No, ella no creía en esas cosas. Ella solo creía en lo que veía y en lo que estaba probado. Y si, era extraño que una niña de unos ocho años no tuviera esas creencias, pero ella era así. Si, era. Por que todo en lo que creía se estaba desmoronando ante su ojos.
El pequeño hombrecito miro a su compañero de al lado y señalo a la niña. Este la miro profundamente con años de sabiduría a su espalda.
—Si, esta pérdida—confirmo.
Los dos duendes la observaron, esperando la reacción. Pero esta nunca sucedió. La niña se quedo allí. Perpleja.

—No se ha dado cuenta que la observamos—dijo uno.

—Pues mejor así. Esperemos a ver que sucede.

Y esperaron. La celebración no paro. Nadie reparo en la niña, ni en los dos hombrecitos pacientes. Nadie reparo en ellos hasta eso sucedió.

Continuara...

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