¡Felices fiestas!
sábado, 24 de diciembre de 2011
martes, 20 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
martes, 13 de diciembre de 2011
Conversaciones
—Hey—me llamo—¿cuando te acordaras de mi?
—No lo se—suspire.
—¿Crees que sera pronto?—me pregunto esperanzado.
—No lo se—dije apenada.
—Ohh...—y ese silencio incomodo volvía, como todos los días luego de esta charla.
Un día me desperté en un cuarto que no reconocía, y me di cuenta que no sabia absolutamente nada de mi cuando observe mi cubrecamas violeta. Fue extraño. No tenia miedo, ni ansias, ni nervios. Solo me sentía rara. No recordaba haber tenido miedo, así que no podía sentir miedo. Me acomode una ropa que no recordaba haber comprado y abrí la puerta de una habitación completamente desconocida para mi. Lo extraño es que no me sentía perdida. No, solo me sentía rara.
Camine por un pasillo y llegue a un ambiente iluminado. Era un habitación sencilla y linda. Todo estaba en colores claros y no se por que eso me perturbo. Estaba observando un cuadro de colores brillantes cuando oí a alguien silbar detrás de una puerta.
La abrí. Era la cocina del departamento desconocido. Allí había un joven silbando una alegre canción, en pijamas y haciendo tostadas. ·En cuanto noto mi presencia me sonrió.
—Hey, ¿Dormiste bien?—me pregunto amable.
Me quede callada. ¿Quien era el? Y lo mas importante, ¿Quien era yo?
—¿Te comieron la lengua los ratones?—rió suavemente de su chiste. Me quede callada.—¿Estas bien?—dijo preocupado.
—Yo...yo...no lo se—esas tres palabras se convirtieron en mis mejores aliadas durante bastante tiempo.
Fue difícil explicarle al joven que no recordaba nada. Al principio me pregunto si era una broma, pero en cuanto me volvió a mirar me creyó. Me dijo su nombre, Adam. Y me dijo el mio, Olivia. Me llevo al hospital mas cercano. Se veía bastante asustado. Me dijo algunas cosas mas. Como que vivíamos juntos, que eramos amigos cercanos. Cuando le pregunte por mi familia, se puso nervioso.
Desde ese día visite a varios médicos. Al parecer mi contacto con mi familia era prácticamente nulo. Según Adam, solo tenia contacto con una prima miá que vivía en el extranjero. Así que por ahora solo lo tenia a el.
Los médicos le aconsejaron que no me diera mucha información por que me iba a confundir con tanta información. También me ofrecieron quedarme en el hospital hasta...no se. Rechace la oferta. Aunque no supiera nada de Adam, tampoco sabia nada de mi. Y la verdad, prefería quedarme con este chico, al que le gusta silbar.
Nuestra convivencia se hizo amena luego de una semana. En la primera yo no salia prácticamente de mi supuesta habitación y nunca pudimos comunicarnos con mi prima que vivía en la india.
Teníamos una rutina. Y parte importante de ella eran las conversaciones que manteníamos luego de cenar. Nos sentábamos en los sillones blancos y mullidos del comedor y charlábamos. Amaba nuestras conversaciones. Eran únicas y especiales. Acerca de cosas impensables para algunos. Eran nuestras.
A las pocas semanas ya tenia una gran confianza en Adam. Ya no me sobresaltaba cuando de la nada me abrazaba o me cogía por la cintura. Ni cuando me daba un sonoro beso en las mejillas luego de que tomara su vaso de jugo. Ni cuando me sonría tan abiertamente. Según el, no podía contarme todo lo que quisiera, pero eso no impedía que tuviera todos los gestos que quisiera. Tal vez no me curaría el habla, si no las situaciones diarias.
Estaba sentada en mi sillón favorito. Adam estaba sentado en el suelo. Y mis pies estaban apoyados en su espalda. Según el, eso era como un masaje. Charlábamos como cada noche luego de cenar. Y como siempre, el hizo esa pregunta. Con su característico ''Hey'' cariñoso para referirse a la gente. Y como siempre, yo conteste mi''no lo se''. Y es así como cada noche terminaban nuestras charlas. Era la indicación para levantarnos, llevar las tazas de café a la cocina e irnos a nuestros respectivos cuartos a dormir. Esperando a la noche siguiente a que se vuelva a repetir esa charla. Para ver nuestros rostros ensombrecidos por el olvido.
Pero esa noche no. No se que sucedió, pero ninguno se levanto. Nos quedamos así. Solo se oía nuestras respiraciones y los ruidos de los otros departamentos.
—Estoy harto—rompió el silencio con esa confesión dura—Estoy cansado, estoy enojado, estoy herido...yo...—se levanto y me miro fijamente. Sus ojos trasmitían tantas emociones que me paralizaba—...yo no puedo creer lo que me hiciste. Nunca pensé que podías ser tan egoísta. No..egoísta no, cobarde. Si, una ¡cobarde!—comenzó a dar vueltas por toda la habitación, dando grandes pasos, enormes. Diciendo cosas sin sentido.—¡No lo entiendo! ¿Por que lo hiciste? ¿Por que me olvidaste?—Cuando dijo lo ultimo había parado de caminar y me miraba suplicante. Esperaba una repuesta. Me quede callada. El sabia, sabia que yo no le podía decir lo que esperaba. Por que simplemente no recordaba.
—¡¿Tan horrible era para ti que alguien te amara?!—grito alterado. Era la primera vez que lo veía así. Y de pronto se largo a llorar.—No lo entiendo...
Se lanzo a mis brazos y lloro desconsoladamente. Lo abrace y yo también llore. Lloramos los dos, abrazándonos, sosteniéndonos...Hasta que ya no quedaron lagrimas. Me miro. Y sonrió. Si, sonrió. Y yo también. Reímos, reímos hasta quedarnos sin vos. Reímos por que era lo único que podíamos hacer. Reímos y reímos. A carcajadas. Nuestros estómagos dolían, si. Pero era un dolor bueno.
Esa noche dormimos en el suelo del comedor, agarrados de las manos y con una sonrisa en los labios.
En la mañana el me sonrió e hizo tostadas. Luego de tomar su jugo me dio un sonoro beso en la mejilla. Al mediodía me abrazo como siempre. Y en la tarde me agarro de la cintura. Y aunque no pudiera recordar, esos gestos me producían una conocida sensación en el pecho.
No hablamos de lo que sucedió en la noche. Estábamos esperando nuestro momento, nuestras charlas.
Esa noche, Adam me beso, luego de terminar su café. Me gusto. Y no, no recordé nada. Pero si sentí. Sentí algo conocido. Esa noche, ni lloramos, ni reímos. Solo fuimos.
Desde esa noche ya no me siento tan rara. Hay algo que si conozco. Tal vez no sepa quien soy yo, ni donde estoy o que hago. Lo único que se, es que ese chico al que le gusta silbar, es el único que me produce una sensación conocida, y eso me alcanza.
—No lo se—suspire.
—¿Crees que sera pronto?—me pregunto esperanzado.
—No lo se—dije apenada.
—Ohh...—y ese silencio incomodo volvía, como todos los días luego de esta charla.
Un día me desperté en un cuarto que no reconocía, y me di cuenta que no sabia absolutamente nada de mi cuando observe mi cubrecamas violeta. Fue extraño. No tenia miedo, ni ansias, ni nervios. Solo me sentía rara. No recordaba haber tenido miedo, así que no podía sentir miedo. Me acomode una ropa que no recordaba haber comprado y abrí la puerta de una habitación completamente desconocida para mi. Lo extraño es que no me sentía perdida. No, solo me sentía rara.
Camine por un pasillo y llegue a un ambiente iluminado. Era un habitación sencilla y linda. Todo estaba en colores claros y no se por que eso me perturbo. Estaba observando un cuadro de colores brillantes cuando oí a alguien silbar detrás de una puerta.
La abrí. Era la cocina del departamento desconocido. Allí había un joven silbando una alegre canción, en pijamas y haciendo tostadas. ·En cuanto noto mi presencia me sonrió.
—Hey, ¿Dormiste bien?—me pregunto amable.
Me quede callada. ¿Quien era el? Y lo mas importante, ¿Quien era yo?
—¿Te comieron la lengua los ratones?—rió suavemente de su chiste. Me quede callada.—¿Estas bien?—dijo preocupado.
—Yo...yo...no lo se—esas tres palabras se convirtieron en mis mejores aliadas durante bastante tiempo.
Fue difícil explicarle al joven que no recordaba nada. Al principio me pregunto si era una broma, pero en cuanto me volvió a mirar me creyó. Me dijo su nombre, Adam. Y me dijo el mio, Olivia. Me llevo al hospital mas cercano. Se veía bastante asustado. Me dijo algunas cosas mas. Como que vivíamos juntos, que eramos amigos cercanos. Cuando le pregunte por mi familia, se puso nervioso.
Desde ese día visite a varios médicos. Al parecer mi contacto con mi familia era prácticamente nulo. Según Adam, solo tenia contacto con una prima miá que vivía en el extranjero. Así que por ahora solo lo tenia a el.
Los médicos le aconsejaron que no me diera mucha información por que me iba a confundir con tanta información. También me ofrecieron quedarme en el hospital hasta...no se. Rechace la oferta. Aunque no supiera nada de Adam, tampoco sabia nada de mi. Y la verdad, prefería quedarme con este chico, al que le gusta silbar.
Nuestra convivencia se hizo amena luego de una semana. En la primera yo no salia prácticamente de mi supuesta habitación y nunca pudimos comunicarnos con mi prima que vivía en la india.
Teníamos una rutina. Y parte importante de ella eran las conversaciones que manteníamos luego de cenar. Nos sentábamos en los sillones blancos y mullidos del comedor y charlábamos. Amaba nuestras conversaciones. Eran únicas y especiales. Acerca de cosas impensables para algunos. Eran nuestras.
A las pocas semanas ya tenia una gran confianza en Adam. Ya no me sobresaltaba cuando de la nada me abrazaba o me cogía por la cintura. Ni cuando me daba un sonoro beso en las mejillas luego de que tomara su vaso de jugo. Ni cuando me sonría tan abiertamente. Según el, no podía contarme todo lo que quisiera, pero eso no impedía que tuviera todos los gestos que quisiera. Tal vez no me curaría el habla, si no las situaciones diarias.
Estaba sentada en mi sillón favorito. Adam estaba sentado en el suelo. Y mis pies estaban apoyados en su espalda. Según el, eso era como un masaje. Charlábamos como cada noche luego de cenar. Y como siempre, el hizo esa pregunta. Con su característico ''Hey'' cariñoso para referirse a la gente. Y como siempre, yo conteste mi''no lo se''. Y es así como cada noche terminaban nuestras charlas. Era la indicación para levantarnos, llevar las tazas de café a la cocina e irnos a nuestros respectivos cuartos a dormir. Esperando a la noche siguiente a que se vuelva a repetir esa charla. Para ver nuestros rostros ensombrecidos por el olvido.
Pero esa noche no. No se que sucedió, pero ninguno se levanto. Nos quedamos así. Solo se oía nuestras respiraciones y los ruidos de los otros departamentos.
—Estoy harto—rompió el silencio con esa confesión dura—Estoy cansado, estoy enojado, estoy herido...yo...—se levanto y me miro fijamente. Sus ojos trasmitían tantas emociones que me paralizaba—...yo no puedo creer lo que me hiciste. Nunca pensé que podías ser tan egoísta. No..egoísta no, cobarde. Si, una ¡cobarde!—comenzó a dar vueltas por toda la habitación, dando grandes pasos, enormes. Diciendo cosas sin sentido.—¡No lo entiendo! ¿Por que lo hiciste? ¿Por que me olvidaste?—Cuando dijo lo ultimo había parado de caminar y me miraba suplicante. Esperaba una repuesta. Me quede callada. El sabia, sabia que yo no le podía decir lo que esperaba. Por que simplemente no recordaba.
—¡¿Tan horrible era para ti que alguien te amara?!—grito alterado. Era la primera vez que lo veía así. Y de pronto se largo a llorar.—No lo entiendo...
Se lanzo a mis brazos y lloro desconsoladamente. Lo abrace y yo también llore. Lloramos los dos, abrazándonos, sosteniéndonos...Hasta que ya no quedaron lagrimas. Me miro. Y sonrió. Si, sonrió. Y yo también. Reímos, reímos hasta quedarnos sin vos. Reímos por que era lo único que podíamos hacer. Reímos y reímos. A carcajadas. Nuestros estómagos dolían, si. Pero era un dolor bueno.
Esa noche dormimos en el suelo del comedor, agarrados de las manos y con una sonrisa en los labios.
En la mañana el me sonrió e hizo tostadas. Luego de tomar su jugo me dio un sonoro beso en la mejilla. Al mediodía me abrazo como siempre. Y en la tarde me agarro de la cintura. Y aunque no pudiera recordar, esos gestos me producían una conocida sensación en el pecho.
No hablamos de lo que sucedió en la noche. Estábamos esperando nuestro momento, nuestras charlas.
Esa noche, Adam me beso, luego de terminar su café. Me gusto. Y no, no recordé nada. Pero si sentí. Sentí algo conocido. Esa noche, ni lloramos, ni reímos. Solo fuimos.
Desde esa noche ya no me siento tan rara. Hay algo que si conozco. Tal vez no sepa quien soy yo, ni donde estoy o que hago. Lo único que se, es que ese chico al que le gusta silbar, es el único que me produce una sensación conocida, y eso me alcanza.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Tiempos absurdos
Y como si de magia se tratara su cuerpo se torno celeste.
Sus ojos desaparecieron y floto.
Floto y voló y floto y voló... Y desapareció.
Se esfumo como una avellana que baila un tap.
Y nadie lo recordó, por que nunca existió, solo fue.
Fue lo que nunca nadie fue y lo que todos siempre fueron.
Por eso todos lloraron su perdida.
Pobre ingenuo de alas verdes.
Disfruta tu cereza mientras puedas que nadie la desea.
Todos quieren un elefante de gaza roja.
Ellos quieren una mosca en su trasero.
Una que les cante en el oído y les grite en la cabeza.
Como un burro sin sombrero.
Como una lampara sin cerebro.
Neuronas que fallan, células que saltan.
Y mis pensamientos escapan junto con mis sentimientos.
Buscan un amor prohibido.
Lleno de estrellas y jirafas.
Con jinetes de dos cabezas y autos de carreras.
Son así mis juguetes espaciales.
Son así de especiales.
Adiós, mi alma guerrera.
Tal vez nos veamos en otro coro.
Si mi perro no se escapa antes.
Te esperare mi insignificante luciérnaga.
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