viernes, 13 de enero de 2012

Caramelos de Manzana

 
Allí esta, sentada en su trono de caramelos. Me mira con sus ojos pardos y sonríe maliciosa. Se ensortija su cabello y salta graciosamente. Se alisa las arrugas inexistentes de su pomposo y rosa vestido y se acerca a mi dando pequeños saltitos. El ruido de sus tacos rojo anuncia que ha ganado. Suspira y en un sonoro ¡Puff! Aparece un banquillo rosado y brilloso, se sube a el y mira con superioridad. Se acerca a mi rostro y esos ojos pardos me observan sin piedad. Ríe y su aliento con aroma a dulces me aturde. Se acerca mucho mas y susurra en mi oído.

—Perdiste—Su vos aniñada como un caramelo de fruta me hipnotiza.

Se alejo rápidamente de mi, dejándome aturdido, ese aroma tan delicioso que lleva siempre me marea. Camina con paso firme, pero sin perder su elegancia y picardia característica, por la enorme habitación. Se detiene junto a las pesadas cortinas que ocultan una ventana cerrada. Ríe alegre y me mira.
Abre un caramelo de manzana y se lo come. Me provoca. Y no puedo hacer nada. Y si pudiera no lo haría. Me mira con arrogancia y vuelve a sonreír. Me mira con sus ojos entrecerrados y sonríe mas aun. Lo sabe. Ella sabe lo que produce en mi. Y sabe aprovecharlo. Se acerca saltando a mi, con sus tacones haciendo cada vez mas fuerte ¡plop! ¡plop! ¡plop! Esta vez me mira desde su pequeña altura. Sintiéndose siempre superior.

—Sabes...—susurra—¿Que es lo quiero?

Si, lo se. Pero si se lo doy no habrá vuelta atrás. Y a ella no le importa. Nunca le importo nada. Y nunca le importara. Mientras ella siga consiguiendo lo que desea, los demás seremos solo sus medios para ello. Al fin y al cabo, ¿que somos? Dulces. Solo somos eso. Su alimento, su diversión, su adicción. Solo eso.
—Te quiero a ti—gira sobre si misma y me toma de la mano. Sus cabellos me golpean ligeramente y luego de un ¡puff! Estamos en otra de las enormes habitaciones de esa mansión.

No estoy sorprendido por su confesión. Soy solo otro de sus caprichos. Otro de sus caramelos de manzana. No suelta mi mano. Me arrastra hasta una mesa llena de manjares dulces y sonríe ansiosa. Si, sonríe. Como siempre. Mira los platillos hambrienta y suelta mi mano. Se sienta en un mullido sofá y espera. Si, me espera. Tomo algunos bocadillos y me acerco a ella.

Abre su rosada boca y espera. Tomo un caramelo de frutilla y se lo doy. Ella mastica lentamente y me mira fastidiada.

—Manzana—ordena.

Y le doy un caramelo de manzana. Y su rostro. El placer de que otro de sus pedidos se haya cumplido se refleja en su cara. Sonríe y me mira. Se acerca a mi y vuelve a acerca a demasiado a mi rostro. Suspira, atontandome con ese aroma dulzón a manzana y me susurra en el oído.

—Gane—vuelve a reír.
Awwww, adorable.