martes, 15 de noviembre de 2011

Kaunis


Fue una muerte inesperada y problemática.

Kaunis no sabía qué hacer a continuación. Su amo había muerto. Dejando aquel lugar sin su rey, en un estado de completa confusión y descontrol. Sus subordinados le preguntaban constantemente que hacer, ya que él fue la mano derecha del difunto rey. Pero el tampoco sabía qué hacer. Esto nunca había sucedido desde que se creó ese lugar, desde que el tenia memoria. En ninguno de los documentos donde se registraba la historia de cada año de mandato de los innumerables reyes que tuvieron se reconocía algo así.

Estaba desesperado, sus orejas no paraban de agitarse anunciando que algo malo iba a suceder.  El viejo Kaol no dejaba de llamarlo y Kelin lloraba amargamente sentada en una roca por la pérdida de su tiránico rey.

Entonces sucedió, la lava ardiente comenzó a inundar aquel lugar y todo se lleno de los gritos agónicos de sus habitantes al ser absorbidos por el magma ardiente. Kaunis no grito, solo espero a renacer otra vez, mostrar sus respetos a su nuevo amo y poder respirar tranquilo, volver a su trabajo. El viejo Kaol insulto antes de ser callado por la lava y Kelin siguió llorando hasta que su llanto también fue cesado por la lava.
Todo quedo sepultado por el magma.

De la majestuosa montaña broto una semilla ardiente y las raíces se expandieron con una impresionante rapidez entre la lava. Dejando así un irregular suelo por donde camino una criatura de belleza inigualable. Sonrió picara, rio con una voz aguda, aniñada  y canto. Canto para sus nuevos siervos, para su nueva tierra, para todo lo que sería suyo. Luego de su melodiosa vos cesase se recostó sobre ese suelo irregular que la abdujo con un suave tirón y cayo. Cayo desde muy alto suponía ella. No sabía cuánto había pasado, pues allí no había tiempo pero suponía que bastante. Aterrizo. Con un golpe seco y duro sobre la rocosa superficie. Se levanto grácilmente y sonrió a los presentes. Allí estaban todos, los que serian durante un año sus esclavos. Allí estaba su tierra.

Kaunis se acerco primero a su nueva reina, si, era ella. No era un nuevo rey, no era él. Era ella, la nueva reina. Inclino su cabeza ante su bella ama demostrando respeto y dijo en cuanto se irguió:

—Bienvenida alteza—su vos sonaba baja y susurrante, como una serpiente.

—Gracias—el que sea la nueva reina de aquel lugar no significaba carecer de modales.

—Es un honor para mí el poder ser su más fiel subordinado, déjeme presentarme. Soy Kaunis, he estado al lado de los últimos 10 reyes y me complace informarle que nunca se han tenido quejas acerca de mi labor. —continuo Kaunis

—Madame, yo soy Kaol—se acerco la anciana criatura a la reina—estoy a vuestro servicio para cualquier cosa que usted desee.

La nueva y bella reina asintió sonriendo.

—Majestad, permítame presentarme, yo soy Kelin y la ayudare con cualquier duda que se le presente. —dijo la pequeña criatura de aspecto débil.

—Entonces, Kaunis, Kaol y Kelin, ¿podrían decirme como no morir? Tengo entendido que no se me está permitido vivir no más del tiempo que dure mi mandato. —pregunto la preciosa criatura con esa vos aguda.

Los tres fieles se quedaron perplejos por la pregunta de su nueva ama. A Kaunis nunca en sus años de servidor se le habían presentado tantas sorpresas. Primero su amo muere sorpresivamente antes de se cumpla su año de mandato, luego, la nueva reina es reina y ahora esto. Era demasiado.

—Madame, sépanos disculpar. Pero no tenemos esa información—respondió con diplomacia y sabiduría el viejo Kaol.

—Interesante—dijo pensativa la bella reina—Entonces sépanme disculpar pero me niego a aceptar ser su reina si eso significa desperdiciar mi vida, lo poco de ella. — Sonrió pícaramente.

— ¿Disculpe?— Kaunis estaba perplejo y aunque no se estuviera permitido tener ese sentimiento hacia su ama, también estaba un poco irritado.

Se oyeron murmullos de reprobación, de sorpresa y de  miedo. Si, tenían miedo. Sus vidas ya estaban condenada, pero si encima su reina no quería ser su reina no sabían que esperar.

Una llamarada ardiente comenzó a expandirse por el hermoso cuerpo de la bella criatura que había llegado a gobernar aquel lugar y comenzó a desaparecer, pero cuando solo quedaba su cabeza flotando entre las llamas frunció el ceño mascullo algo en una lengua desconocida y su cuerpo volvió a integrarse entre las llamas.

—Al parecer no puedo negarme a mi destino—dijo con vos neutra a aunque se llegaba a notar un poco de resignación.

Y así, luego de todos esos extraños hechos la nueva y bella reina comenzó su mandato. Pero su mandato fue distinto a todo lo que habían sido los otros, fue tan especial como su llegada, como ella.

Kaunis se estaba encargando de algunas almas dudosas cuando apareció Kelin con su rostro lleno de lagrimas, con la vos temblorosa le informo que la reina había desaparecido. Había huido.

Otra vez. Había pasado medio año desde que la reina asumió el cargo, medio año desde que Kaunis debía hacer el doble de lo que le correspondía, medio año desde que Kelin llegaba llorando a él diciéndole las locuras que había cometido su ama, medio año desde que el viejo Kaol se quejaba de que le dolían sus cuernos a causa de los caprichos de su ama. Medio año, medio maldito año. Nunca en toda su existencia había tenido un amo tan complicado como la nueva reina.

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