Traición.
Estaba hecho un lio, la cabeza y el corazón luchaban fervientemente para probar quien tenía razón. Se sentía muy confundida. No podía creer lo que estaba ocurriendo, lo que había sucedido. En realidad no lo quería creer. No quería creer que ella, su mejor amiga, la estuviera traicionando. Pero las pruebas la obligaban a creer en lo que no quería.
Todos los años de buenos momentos, toda la confianza se encontraba en la cuerda floja. Todos los juegos, las charlas, las risas, las reflexiones, las noches en vela, los secretos, todo lo que compartieron se encontraban en un destartalado puente que solo estaba sostenido por la esperanza de averiguar que todo fue un error, que todos tenían suposiciones equivocadas, que ella no cometió esa traición.

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