viernes, 3 de febrero de 2012

La luna esta verde

La luna esta verde.

La mujer se acomoda su bata bermellón y sube las escaleras sin prisa. Era una noche fría para las temperaturas a las que estaba acostumbrada en esa época del año. Observa las fotografías que adornan la escalinata y sonríe con melancolía al observar la fotografía de una anciana sonriente. Continua subiendo, rememorando viejos momentos con su ya fallecida madre. No corras tan rápido o te caerás tortolita. Como la extraña.

Camina por ese pasillo al que tanto tiempo le dedico a su decoración. Sonríe divertida al observar el dibujo infantil colgado en la pared. Su niño era un artista.

Abre la puerta blanca, con un pequeño cartel en ella-Mateo-. Al entrar el pequeño la recibe felizmente. La esperaba, como cada noche. Ella le sonríe cálidamente y se sienta junto al pequeño en la cómoda cama. El niño entusiasta se mete bajo las frazadas y le entrega un libro bastante colorido. Lee, lee. Dice con entusiasmo el. Ella sonríe divertida, toma el libro y comienza. Al niño le gusta cuando ella le lee. También le gusta cuando su padre o su abuelo le leen, pero definitivamente su madre es su relatora favorita.

La mujer siempre le lee al niño con entusiasmo y dramatizando a los personajes del cuento. Varía el tono de su vos y hay veces que hasta pone a actuar la pequeña historia. Si, definitivamente su madre era su favorita.

Cuando el cuento está llegando a su fin el niño se despabila y entusiasmado señala la ventana. La mujer lo mira extrañada y luego mira hacia donde el pequeño señalo. Ahí estaba, verde, redonda y brillante. La luna. El niño salta sobre la cama y canta-La luna esta verde, verde, verde, verde-. La mujer observa sorprendida el fenómeno. Sonríe. Lo que es la naturaleza...

El niño pasado su entusiasmo cae dormido. La mujer lo arropa delicadamente y deja un cálido y cariñoso beso en su frente. Apaga las luces de la habitación del pequeño y se dirige a la suya. Su esposo todavía no llega, suspira. Últimamente llega más tarde.

No quiere pensar mal de él. Pero los últimos días esta mas distante, casi ni lo ve y cada vez que la besa ya no siente ese cosquilleo cálido, solo siente tensión. A veces lo encuentra mirándola con culpa. No quiere pensarlo, pero le es imposible que no se le pase por la cabeza esa idea. Suspira resignada.

Se quita la bata y se mete bajo las frazadas, se arropa hasta el cuello y mira al techo. Se siente inexplicablemente triste. No puede evitar pensar en su madre y en la relación con su esposo. Una lágrima cae. A veces le molesta ser tan sensible. No le gusta el llanto fácil que tiene. Le gustaría ser fuerte, como su hermana.

Cuando eran chiquitas si Elisa se caía, no lloraba. Miraba resentida al piso y lo pateaba. En cambio cuando ella caía se largaba a llorar y pedía entre hipidos a su madre. Pero nunca estaba. Tonto piso, tonto piso. Hiciste llorar a Mari. Sonríe, su hermana, siempre defendiéndola y protegiéndola. La extraña. Le gustaría poder visitarla más seguido. Pero es difícil. Encima la última vez que hablo con ella discutieron.

Mira hacia la ventana. No sabe si es bello el paisaje. Pese a que la luna de este de color verde, imponente y brillante, no sabe si le agrada. Le provoca nervios. No, definitivamente no le gusta. Ansiosa se levanta y descorre la cortina, tapando esa brillante luna. Demian seguro le explicara el fenómeno. Al fin y al cabo de eso trabaja. Vuelve a suspirar, su esposo se demora demasiado.

No está tranquila, no está segura. Se coloca la bata y la ajusta demasiado, casi haciéndole daño. Nerviosa baja las escaleras y entra a la helada cocina. Enciende una hornalla y pone el agua de la pava a calentar. El te siempre la tranquiliza. Solo necesita eso. Luego dormirá y seguro despertara en los brazos de su esposo. Él le explicara el extraño fenómeno de la luna verde y todo volverá a la normalidad.

Pero no es así. En cuanto el agua entro en ebullición, el teléfono suena. Aterrada atiende. Era el. Su esposo, Demian. Cariño no te asustes, pero ve con Mateo al refugio. Yo llegare en breve. Apúrate ¿Como quiere que no se asuste? Se enfada.

Apaga la hornalla y sale prácticamente corriendo a la habitación de su hijo. Entra y lo despierta ansiosa. El niño se queja pero se deja alzar por su madre. Baja la escalera con cuidado. Su hijo ya esta pesado y si no es cuidadosa puede perder el equilibrio y caerán. Toma la chaqueta del niño del perchero junto a la puerta principal. El niño ya se despertó, sigue un poco somnoliento pero nota el humor de su madre y se retiene antes de comenzar a preguntar qué sucede. Están saliendo de la casa. Tiene frió, la chaqueta no es suficiente. ¿Qué pasa? ¿Por que salen?

Entran al refugio. Ese que construyo su padre. Se asusta. Recuerda que su madre le menciono que solo debía entrar allí para una emergencia. Esta oscuro. Su madre se tambalea un poco al bajar las empinadas escaleras. Enciende la luz. Deja al niño en el suelo y prende una pequeña estufa eléctrica. Se asegura de que la puerta este bien cerrada y vuelve junto él.

El niño la mira, está llorando. No le gusta. La abraza y es ahí que la mujer se percata del niño. Lo alza y lo abraza protectoramente. El niño no habla. Se aguanta esa enorme curiosidad que siente, sabe que no es el momento. Aunque es pequeño sabe cuándo debe o no debe hablar. Es bastante perceptivo.

La mujer lo deja en el suelo y entre débiles sollozos busca algo entre las cajas del pequeño cuarto. Toma una gruesa manta. Se sienta con el pequeño en un mullido sillón, coloca la manta arropándolos a los dos y comienza a tararear una tranquila melodía mientras acaricia el cabello de su hijo. El niño aunque este nervioso y curioso no puede evitar caer dormido ante las caricias y la delicada canción.

La luna verde se haya imponente, brillante y amenazadora sobre la casa amarilla. Donde en una pequeña habitación subterránea se encuentra una madre y un niño, expectantes a lo que sucederá.

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Un hombre corre apresurado por el pequeño jardín trasero de la amarillenta casa. Abre con torpeza la puerta trampa que está en el suelo y baja la empinada escalera de dos en dos. Suspira aliviado al ver a su esposa y a su hijo en el sillón azulado.

La mujer adormilada lo observa y con cuidado se levanta, dejando al niño durmiendo. Se acerca determinada y un ruido seco inunda la habitación. La marca de la mano queda sobre la mejilla del hombre. El la mira sorprendido. Su esposa no es una mujer violenta.  Ella lo mira enfadada, lagrimas de rabia corren por su mejillas- ¡¿Que no me asuste?!-  Le dice en susurros rápidos y furiosos. Entonces él la abraza y ella se deja. Tiene miedo y es débil. No como su hermana. No puede evitar que el enojo se transforme en miedo y luego en angustia

Se aleja y lo mira, está bien. Suspira. Le pregunta que sucede y como si se tratase de una de esas películas de ciencia ficción que tanto detesta, Demian le cuenta que la luna verde no es un fenómeno extraño de la naturaleza, ni que el satélite se haya cruzado con alguna estrella y algo le hubiese sucedido. No, han detectado algo  que no es terrestre acercarse. Y rápido. No saben que es, pero lo sospechan. Le cuenta que las autoridades ya se están encargando, que seguro pronto sonara la alarma. Los medios ya se están encargando de poner los avisos oficiales y correspondientes.

Esta aturdida, no, esta aterrada. Nunca imagino que fuera eso lo que sucedía. Le cuesta asimilarlo. Tiembla, no sabe si es por la temperatura o por el miedo. No le importa. Mira a su hijo y tiembla aun más.

La sirena anuncia el estado de emergencia y despierta al pequeño. Ve a su madre y a su padre abrazados, ella llora. Tiene miedo. ‘¿Qué pasa? ¿Por qué están allí? ¿Por que llora mama? ‘Esas y muchas preguntas más tiene el pequeño, pero sabe que no es el momento.

La sirena suena y suena, y ella entra cada vez más en pánico. Le cuesta respirar, necesita aire. Se aleja bruscamente de los brazos de Demian, busca la salida. Se desespera, no logra encontrarla. Puede que sea él la misma desesperación que no la deja pensar con lucidez o el que tenga la vista desenfocada y le cueste ver la empinada escalera. Se agita y respira entrecortadamente, Demian la vuelve a abrazar intentando calmarla, pero no ayuda. Para nada. Grita. No puede evitarlo, está asustada y necesita aire.

El hombre no sabe qué hacer para calmarla. La ve cada vez peor, buscando algo en todas direcciones. Escucha el llanto de su hijo de fondo, pero la desesperación que tiene su mujer le impide hacer algo para calmar al pequeño.

Al fin encuentra lo que busca y con una rapidez impropia en ella corre hacia la empinada escalera. Demian corre tras ella y le impide que siga subiendo. Grita y llora, pero no logra escapar. Necesita aire, necesita huir. Pero los brazos de el no se lo permiten. El llanto del pequeño la hace volver a la realidad. Se aferra a la chaqueta de su esposo para no caer y entre violentos sollozos pide perdón. El la abraza y deja un suave beso en su cabello, como cuando eran jóvenes. Ella llora aun más fuerte-. ¿Mami?-. Se aleja torpemente de Demian y abraza a su pequeño, le pide perdón suplicante. El niño la mira sin entender. ¿Por qué le pide perdón? ¿Hizo algo malo?.

La mujer se calma luego de un rato. Acaricia suavemente la cabeza del pequeño hasta que cae dormido. Sonríe, recuerda cuando su madre hacia lo mismo. Ella siempre se dormía ante las suaves caricias maternas. La extraña, necesita su abrazo conciliador y maternal.

El ruido de grandes vehículos pasando por arriba de ellos despierta a Mari, observa desorientada su alrededor. Y recuerda todo. Mira al pequeño Mateo dormir recostado en ella. Frente a ella esta Demian, sintonizando la estación de radio. Se lo nota cansado. Suspira. Todavía no puede creer lo que está sucediendo.

La luna, la luna verde todavía se encuentra imponente en el cielo, recordándoles que todo lo que conocen está a punto de desaparecer. Amenazando a los valientes hombres uniformados que buscan algo que no podrán encontrar. Incitando a todas las almas cobardes que desean desaparecer a que lo hagan. Sorprendiendo a algunos, desesperando a otros.

Esta allí, inmóvil, observando.

El futuro se detuvo, el presente se agiliza y el pasado ya no importa. Todo porque la luna esta verde.

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